La tarde espera la fría noche
en el crepúsculo del amanecer,
confundo la inocencia de mi alma
con suaves formas lunares,
el misterio en la vida
me hipnotiza cada segundo,
me lleva a lugares de inóspitas prisiones
donde el universo se comprime
en pequeñas formas atómicas.
Inmensidad en la oscura bóveda intestinal
donde reposa el árbol caído,
las flores en en sus ramas
reflejan la belleza acumulada,
el humano mira a través del árbol
sin apreciar su manantial cósmico,
pues el hombre no mira a través
de aquella oscura sombra,
su imágen es la frontera
que lo divide de su esencia universal.
Las luces se encienden en la materia oscura
y la geometría es una vaga forma de comprensión,
pues no existen las observaciones
cuando el observador se abandona a sí mismo,
pues el reflejo en el cristal
son solo formas imaginarias,
abismos mentales del inconciente
que resplandecen con cada amenecer.
El misterio se hace cada vez más evidente
y las sutiles formas se pierden en lo absurdo,
¡ ah si tan sólo el infinito
no ocultara sus preciosas piedras !,
tal vez si la eternidad floreciera
en las pupilas del universo,
tal vez si el silencio marchito
acribillara la tergiversada mente,
tal vez así, la vida sería en si misma
y la muerte una vaga escena en el espectáculo.
Felipe Jorquera

